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Ligada por su temática a la pintura paleocristiana, la pintura bizantina compitió con la riqueza de los mosaicos. Se expresó, fundamentalmente, en las miniaturas de los manuscritos y los iconos o pinturas sobre tabla, manifestación típica de la Europa del este, con figuras de Cristo o la Virgen muy estilizadas. Entre los más destacados pintores de iconos, hay que señalar a Andréi Rublev, autor del icono de la Trinidad.
También adquirieron gran perfección y virtuosismo las miniaturas de los códices de algunas colectividades prerrománicas, sobresaliendo entre ellas los beatos (comentarios del Apocalipsis) mozárabes del siglo X.
Tales precedentes medievales influyeron en la creación de la pintura románica. Ésta se realizaba por lo general en el fresco y tenía una clara intención didáctica, pues se decoraban los muros de las iglesias con escenas religiosas para la instrucción de los fieles. De ahí que se tratara de una pintura esquemática y simbólica, de colores planos y perfiles muy marcados.
En la organización iconográfica de las iglesias románicas se reservaba el ábside para el Pantocrátor, o Cristo en majestad, acompañado de los cuatro evangelistas, la Virgen y los apóstoles; en las paredes laterales aparecían escenas evangélicas y, a los pies del altar, el Juicio Final. Entre los restos más valiosos destacan los de Sant'Angelo in Formis (Italia) y los de San Clemente de Tahull y San Isidro de León en España.
La arquitectura gótica, al presentar escasos muros, limitó los espacios físicos de la pintura. Hubo que buscar nuevos soportes, como la vidriera, y explorar los hallazgos del pasado, como la miniatura. Las vidrieras y la iluminación de manuscritos configuran el llamado estilo franco-gótico de los siglos XIII y XIV. Con sus vivos colores y el dominio de la línea, dejarían paso al estilo italiano, creado a fines del siglo XIII por artistas como Cimabue. Preocupado por la representación espacial y las figuras volumétricas, alcanzó su máxima expresión con Giotto di Bondone, de la escuela florentina, Duccio di Boninsegna, de la sienesa, y Simone Martini.
A fines del siglo XIV, el estilo de la escuela de Siena asumió algunos rasgos propios de la pintura franco-gótica. Apareció así un tercer estilo pictórico, el internacional, caracterizado por la estilización figurativa sienesa, un rico colorido y la valoración de lo anecdótico. Sus mejores ejemplos son las miniaturas creadas en la corte del duque de Berry.
A principios del siglo XV hizo su
aparición en Europa un nuevo estilo, originario en Flandes, el flamenco, basado
en el uso del aceite como aglutinante. A esta nueva técnica se la denominó óleo.
Permitió mayor colorido y minuciosidad que el temple (con pigmentos mezclados
con agua y huevo), utilizado hasta entonces, y dio célebres maestros como los
hermanos Van Eyck, Roger van der Weyden y Gerard David.
Los hallazgos e investigaciones del siglo XV hallaron su culminación en la centuria siguiente, el Cinquecento. El centro artístico se trasladó a Roma, donde destacaron las figuras geniales de Leonardo da Vinci, Miguel Angel y Rafael, que consiguieron un arte equilibrado y de formas perfectas. A su vez, en el tránsito del siglo XV al XVI, una serie de artistas venecianos (Giovanni Bellini, Antonello da Messina), conocedores de la técnica del óleo, perseveraron en el estudio de la luz, el color y el paisaje, y sentaron las bases de la magnífica escuela veneciana del XVI (Tiziano, Tintoretto y Veronés). (En la imagen, "Judit y Holofernes", de Tintoretto)
El esplendor del clasicismo del Cinquecento dio paso a una época de crisis. Los sucesivos artistas se dedicaron a copiar a los maestros, cayendo en el llamado "manierismo" (pintar a la maniera de), como fue el caso de Andrea del Sarto. A fines del XVI, dicho manierismo evolucionó hacia un estilo ecléctico que más tarde desembocó en el barroco.
Aunque tuvo que competir con el arraigado arte flamenco, el estilo renacentista comenzó a extenderse por Europa hacia el 1500, gracias a la difusión de grabados y a los viajes que diferentes artistas realizaron a Italia. Fueron así surgiendo diversos focos artísticos: Alemania, con Alberto Durero y Lucas Cranach el Viejo; los Países Bajos, con Pieter Brueghel el Viejo y Antonio Moro; y la corte francesa de Francisco I, en Fontainebleau, donde llegó a residir Leonardo da Vinci.
En España, la transición del gótico al Renacimiento estuvo representada por Pedro Berruguete. El centro artístico más sobresaliente del siglo XVI se ubicó en El Escorial, obra de Felipe II, donde tuvieron acogida varios artistas italianos (Luca Cambiaso, Pellegrino Tibaldi). El Greco, sin embargo, tuvo que instalarse en Toledo.
Frente al equilibrio y el dominio de la línea renacentista, se prefirieron las escenas movidas y violentas. El color adquirió una importancia vital. Los temas dominantes fueron los religiosos, sobre todo tras el triunfo de la contrarreforma, y el óleo se convirtió en la principal técnica pictórica.
Junto al realismo tenebrista de Caravaggio, que presentó personajes en actitudes violentas y con una iluminación casi teatral, surgió también en Italia un estilo más idealizado y clasicista, interesado por los paisajes serenos y las composiciones equilibradas. Sus máximos representantes fueron los Carraci, en especial Ludovico, fundador de la Academia de Bolonia y defensor de un estilo ecléctico, y Anibale, que decoró la bóveda del palacio Farnesio.
La época final del barroco italiano se caracterizó por la decoración suntuosa e ilusoria de bóvedas y techos, género que contó con maestros como Pietro da Cortona y el padre Pozzo.
Fuera de Italia, tanto la corriente caravaggista como la clasicista lograron pronto insignes seguidores. En Francia, el naturalismo tuvo en Georges La Tour y los hermanos Le Nain a sus principales representantes. El clasicismo fue llevado a su máxima expresión por Nicolas Poussin y Claudio de Lorena, grandes maestros del paisaje y evocadores de una antigüedad pretérita e ideal.
En Flandes sobresalió Petrus Paulus Rubens, con su gran dinamismo y exuberancia, sus figuras femeninas robustas y sensuales, sus composiciones turbulentas y su cálido colorido, heredado de Tiziano. La pintura holandesa, destinada a una clientela sobre todo burguesa, se centró en géneros como el retrato, con Frans Hals, las escenas de interior, que inmortalizó Jan Vermeer, y los paisajes, cuyo principal maestro fue Jacob Ruysdael. Junto a estos artistas brilló la personalidad de Rembrandt, maestro del aguafuerte y del óleo y gran retratista de grupos.
En España, el siglo XVII (llamado el Siglo de Oro) supuso la más alta cota alcanzada hasta entonces por la pintura. En la primera mitad predominó el estilo tenebrista (Francisco Ribalta, José de Ribera) frente a la ausencia casi total de la estética clasicista. Sin embargo, lo más sobresaliente fue la aparición de los grandes maestros barrocos: Francisco de Zurbarán, con sus bodegones y sus escenas de frailes; Diego Velázquez (en la imagen, "Cristo crucificado", de Velázquez), cronista del reinado de Felipe IV; y Bartolomé Murillo, pintor delicado y amable, famoso por su Inmaculadas y sus escenas infantiles.
La estética pictórica barroca fue exportada a Hispanoamérica, donde aparecieron importantes focos artísticos, como la escuela de Cusco (o Cuzco) en Perú.
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En Gran Bretaña, que hasta el siglo XVIII no había contado con una gran escuela pictórica, comenzaron a descollar figuras como William Hogarth, que satirizó la sociedad de su época, y el retratista Thomas Gainsborough. La llegada de la nueva
dinastía de los Borbones a España supuso un cambio evidente en el gusto
artístico. La inexistencia de grandes pintores españoles provocó la
venida a la corte de numerosos artistas franceses e italianos, como el
veneciano Tiepolo o el germano Antón Raphael Mengs. Sin embargo, la gran
figura española del XVIII, y también del XIX, fue sin duda Francisco de
Goya, creador de cartones para tapices, retratistas, grabador y uno de los
padres de la pintura moderna. |
En Alemania, el romanticismo fue cultivado por un grupo de artistas opuestos al academicismo e instalados en Roma, los "nazarenos", así como por paisajistas como C.D. Friedrich.
La reacción contra el romanticismo y la influencia de las nuevas técnicas fotográficas provocaron el auge del realismo, movimiento que se centró tanto en el paisaje (Camille Corot, escuela de Barbizon) como en la crítica social (Gustave Courbet, Jean-François Millet y Honoré Daumier). El realismo propició además el triunfo de la pintura histórica que permitía a los diferentes países exaltar las glorias nacionales; en España, este género tuvo un gran auge y fue cultivado por artistas como Eduardo Rosales.
El canto del cisne del realismo
pictórico vino de la mano del impresionismo, surgido en Francia a fines del
siglo XIX. El nuevo estilo pretendía captar lo momentáneo y lo fugaz,
valorando sobremanera la luz y la pintura al aire libre. Cuando el impresionismo
llegó a sus últimas consecuencias, algunos de sus representantes iniciaron, de
forma individual, nuevos caminos Henri de Toulouse-Lautrec, Vicent van Gogh (en
la imagen "La siesta") , Paul Cézanne y Paul Gaugin, entre otros, señalaron
los orígenes de los movimientos vanguardistas del siglo XX.
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Luego llegó el cubismo de Pablo Picasso y Georges Braque, que descompuso las imágenes en mil pedazos y acabó con la pintura espacial renacentista. A su vez, se desarrolló en Italia el futurismo, que exaltaba la velocidad, las máquinas y la modernidad. A todo ello hay que añadir el expresionismo alemán, con dos grupos de gran vigor artístico: Die Brücke (El Puente) y Der Blaue Reiter (El Jinete Azul). Durante y después de la primera guerra mundial fueron apareciendo nuevas estéticas de marcado contenido social, como reacción a la crisis generalizada que vivía Europa. Éste es el caso de movimientos como el dadaísmo, que se proclamó contrario a todo, o al neoplasticismo holandés y el constructivismo ruso, tendencias que se plantearon construir una nueva sociedad a partir del arte. Por otro lado, marchaban los surrealistas, encabezados por Salvador Dalí y Joan Miró, que propugnaban un arte imaginario, reflejo de lo irracional y lo onírico. También en México se estaba produciendo un brillante movimiento artístico, el muralismo, cultivado por artistas como Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros. Se trataba de una pintura de carácter monumental, preocupada por exaltar la revolución, educar al pueblo y plasmar la historia mexicana. Todas estas vanguardias históricas concluyeron con el estallido de la segunda guerra mundial y el traslado del centro artístico a Nueva York. La pintura vio desaparecer todo rasgo de figuración en beneficio de un arte abstracto, expresivo y subjetivo (Jackson Pollock). En la década de 1960 la abstracción derivó hacia el op art (arte óptico) y el pop art, este último de carácter figurativo. Posteriormente se sucedieron tendencias polémicas, como el land art, ligado a la naturaleza; el arte conceptual, centrado en la supremacía de la idea; y el arte povera, realizado con materiales pobres. Al mismo tiempo descollaron figuras extravagantes, como la del germano Joseph Beuys, autor de insólitas perfomances (ejecuciones artísticas en directo, frente al público). |
Historia del arte |
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Prehistoria
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Siglo XIXSiglo XX |
El nombre cubismo fue acuñado por vez primera por el crítico de arte francés Louis Vauxcelles, al referirse a los paisajes de Georges Braque expuestos en la galería parisiense Kahnweiler en 1908.
El origen de este movimiento artistico está basado, según los estudiosos, en dos fuentes muy distintas: por una parte, el impacto que causó en los círculos artísticos de París la escultura primitiva africana, y por otra, la influencia del pintor francés Paul Cézanne y su tendencia a reducir los volúmenes de los objetos reales a elementos esenciales como el cilindro, el cubo y la esfera. A estos antecedentes hay que añadir la reacción contra el fauvismo, tendencia pictórica en la que el estallido del color era uno de los aspectos más sobresalientes.
Los creadores que iniciaron las experimentaciones cubistas fueron Pablo Picasso y Georges Braque.
El primer cuadro cubista pintado por Picasso en 1907, fue "Las señoritas de Aviñón". Las figuras femeninas representadas en este lienzo están singularmente tratadas. Son formas planas, cuyas siluetas aparecen como fracturadas, y los trazos que las delimitan son siempre rectilíneos y angulares. Al mismo tiempo se acomete el intento de representar, a la vez, un rostro humano de frente y de perfil.
Simultáneamente a las investigaciones desarrolladas por Picasso, Braque había realizado una serie de paisajes de l'Estaque, caracterizados por la escasez de colorido y un volumen facetado, a base de planos inclinados, que se presentaron en París en la exposición que dio origen a la denominación: cubismo.
El estilo cubista reclamó una pintura plana, bidimensional, opuesta a las técnicas tradicionales de la perspectiva y el claroscuro. Rechazó, asimismo la antigua teoría, mantenida y seguida durante siglos, de que el arte era una imitación de la naturaleza. Quizá por esto, aunque inicialmente los pintores cubistas tomaron como modelos los temas de la naturaleza, y representaron rostros y figuras humanas, pronto centraron su temática en naturalezas muertas que eran composiciones formadas con objetos usuales, agrupados casi siempre sobre una mesa, que carecían de profundidad, y en los que todos los elementos ocupaban el primer plano, gracias a una descomposición en facetas.
Entre los años 1910 y 1912 el cubismo pasó de una fase previa de experimentación a otra más madura. En los inicios de este movimiento tuvo también gran importancia el marchante Daniel Kahnweiler, cuya galería se convirtió en el centro de difusión del cubismo. Por otra parte, la teoría acerca del movimiento cubista iba tomando forma en las reuniones en el edificio Beteau-Lavoir, donde vivían Picasso, Juan Gris (seudónimo de José Victoriano González) y el escritor francés Max Jacob. Asistentes asiduos a las reuniones del grupo eran también el francés Henri Matisse y Diego Rivera, que sería uno de los principales pintores muralistas mexicanos, así como los escritores franceses Jean Cocteau y Guillaume Apollinaire. Fue precisamente este último quien en mayor medida contribuyó, con textos como el "Les Peintres cubistes" en 1913, a elaborar la estética sustentadora del movimiento cubista.
En la evolución de este movimiento se establecieron dos épocas claramente marcadas, denominada fase analítica y sintética. El período analítico transcurrió entre 1910 y 1912. Los lienzos de esta época se caracterizaron por el análisis de la realidad y la descomposición en planos de los distintos volúmenes de un objeto para que la mente captase su totalidad. Desde el principio se pretendía un arte más conceptual que realista. Predominaban los ángulos y las líneas rectas y la iluminación no era real, ya que la luz procedía de distintos puntos. Las gamas de colores se simplificaron notablemente, en una radical tendencia al monocromatismo: castaños, grises, cremas, verdes y azules. Con todo ello se lograba la tridimencionalidad del mundo real con la bidimencionalidad de la obra artística.
En una primera etapa de la fase analítica, todas estas formas aparecieron generalmente compactas y densas, para irse haciendo cada vez más amplias y fluidas hasta difuminarse en los bordes del lienzo. Los elementos preferidos fueron instrumentos musicales -en especial la guitarra-, botellas, pipas, vasos y periódicos, aunque nunca se excluyó la figura humana. Entre las obras más destacadas de estos momentos cabe señalar "Hombre con guitarra", de Braque
La fase sintética trajo consigo la reconsideración de algunos de los modos expresivos de la anterior. El color volvió a tener mayor protagonismo. Las superficies, aunque seguían apareciendo fragmentadas, eran más amplias y decorativas. La novedad más singular fue, sin duda, el uso de materiales no pictóricos. Esta técnica, conocida como collage, incorporó al lienzo elementos cotidianos como cajetillas de cigarros, páginas de periódicos, trozos de vidrios, telas y, no en pocas ocasiones, arena. Con la incorporación de estos inusitados materiales en el lienzo, el cubismo, a la vez que aprovechó las diferencias de textura y naturaleza de sus componentes, planteó, desde un ángulo original, la cuestión, siempre inquietante, de qué era realidad y qué ilusión. En este estilo cubista, Braque realizó sus famosos papiers collés y Picasso obras como "El jugador de cartas" o "Naturaleza muerta verde".
Además de los dos grandes maestros mencionados, hubo otra serie de artistas que realizaron un cubismo cercano al de Picasso o Braque, pero con toques personales, como Juan Gris y los pintores franceses Ferdinand Léger, Albert Gleizes y Jean Metzinger.
Cuando esta estética se difundió por toda Europa, aparecieron una serie de grupos o tendencias con sus propias características: el cubismo órfico, del francés Robert Delaunay, que daba una gran importancia al color y empleaba elementos compositivos inventados por el artista; el grupo de Puteaux, con el también francés Marcel Duchamp, que aportó un cubismo dinámico y muy intelectual; el neoplasticismo del holandés Piet Mondrian, el suprematismo ruso de Kasimir Malievich, el constructivismo escultórico de su compatriota Vladimir Tatlin; el purismo, estética racional y geométrica impulsada por dos franceses Amadée Ozenfant y Charles-Edouard Jeanneret. Este último, de origen suizo y llamado Le Corbusier, aplicó luego sus principios a la arquitectura.
Se puede decir que con la guerra de 1914, el cubismo, que había tenido una vida intensa desde 1907, se desintegró como vanguardia artística, aunque su influencia fue enorme a lo largo del siglo XX. De hecho, la mayor parte de los pintores citados ejerció un decisivo impulso en el desarrollo de la abstracción geométrica.
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El Dadaísmo
| Marcel Duchamp "Bicycle Wheel", 1913 |
El Dadaísmo fue un movimiento que abarcó todos los géneros artísticos y fue la expresión de una protesta nihilista contra la totalidad de los aspectos de la cultura occidental, en especial contra el militarismo existente durante la Primera Guerra Mundial e inmediatamente después. Se dice que el término Dadá (palabra francesa que significa caballito de juguete) fue elegido por el editor, ensayista y poeta rumano Tristan Tzara, al abrir al azar un diccionario en una de las reuniones que el grupo celebraba en el cabaret Voltaire de Zurich. El movimiento Dadá fue fundado en 1916 por Tzara, el escritor alemán Hugo Ball, el artista alsaciano Jean Arp y otros intelectuales que vivían el Zurich (Suiza), al mismo tiempo que se producía en Nueva York una revolución contra el arte convencional liderada por Man Ray, Marcel Duchamp y Francis Picabia. En París inspiraría más tarde el surrealismo. Tras la Primera Guerra Mundial el movimiento se extendió hacia Alemania y muchos de los integrantes del grupo de Zurich se unieron a los dadaístas franceses de París. En 1922 el grupo de París se desintegró.
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Con el fin de expresar el rechazo de todos los valores sociales y estéticos del momento y todo tipo de codificación, los dadaístas recurrían con frecuencia a la utilización de métodos artísticos y literarios deliberadamente incomprensibles, que se apoyaban en lo absurdo e irracional. Sus representaciones teatrales y sus manifiestos buscaban impactar o dejar perplejo al público con el objetivo que este considerara los valores estéticos establecidos.
Para ello utilizaban nuevos materiales, como los de desecho encontrados en la calle, y nuevos métodos, como la inclusión del azar para determinar los elementos de las obras. Los dadá profesaban todas las artes, pero no se encasillaban en ninguna.
El público le hacía cosas horrendas a los dadaístas, les tiraba cosas y hasta pedazos de carne y vísceras. Estaban todo el tiempo a la expectativa, a ver qué les caía en la imaginación, siempre pendientes de llevar a la tela o al papal lo que les pasara por la cabeza.
El pintor y escritor alemán Kurt Schwitters destacó por sus collages realizados con papel usado y otros materiales similares. El artista francés Marcel Duchamp expuso como obras de arte productos comerciales corrientes- un secador de botellas y un urinario - a los que denominó ready - mades. Aunque los dadaístas utilizaron técnicas revolucionarias, sus ideas contra las normas se basaban en una profunda creencia, derivada de la tradición romántica, en la bondad intrínseca de la humanidad cuando no ha sido corrompida por la sociedad.
| Duchamp, Marcel, "Chocolate Grinder". 1914 |
Como movimiento, el Dadá decayó en la década de 1920 y algunos de sus miembros se convirtieron en figuras destacadas de otros movimientos artísticos modernos, especialmente del surrealismo. A mitad de la década de 1950 volvió a surgir en Nueva York cierto interés por el Dadá entre los compositores, escritores y artistas, que produjeron obras de características similares.
Manifiesto dadaísta
Fueron tiempos de revoluciones y efervescencia política. El "movimiento" dadá emite su propio "manifiesto":
"...no estoy ni en pro ni en contra, y además, no lo explico, porque detesto el sentido común...
"Asco dadaísta.
"Abolición de la memoria: dadá
"abolición de la arqueología: dadá
"abolición de los profetas: dadá
"abolición del futuro: dadá
"creencia absoluta indiscutible en cada dios producto inmediato de la espontaneidad: dadá..."
Manifiesto Dadá, 28 de Mayo de 1918.
El pop art
El pop art nació como un intento de hacer "arte popular", es decir, creaciones a partir de imágenes que resultaran familiares y cotidianas. Los artistas comenzaron a tomar tarros de sopas, botellas de bebidas y fotografías iguales, repetidas muchas veces con diferentes colores y en un mismo soporte. También rescataron las técnicas del comic como las viñetas y el estilo de los dibujos. En el fondo estaban tomando prestados los íconos más representativos de la sociedad de la cultura popular de finales de la década del cincuenta.
Si bien los origenes del Pop Art se remontan a 1952 y a los jóvenes artistas y críticos del Independient Group, formado en el Institute of Contemporary Arte de Londres, la naciente corriente artística se dio a conocer en toda su magnitud en Estados Unidos. Y fueron esos jóvenes quienes crearon la palabra "pop", refiriéndose a la cultura popular y no solamente al nuevo movimiento estético.
Por esos años los medios de comunicación, la publicidad y el diseño industrial estaban influyendo en el arte, generando nuevas tendencias que darían como resultado el Pop Art. Se dice que este movimiento nació como una manera de reaccionar contra el expresionismo abstracto, demasiado intelectual y apartado de la realidad social.
Artistas como Andy Warhol (que hizo famosas en todo el mundo las latas de sopas Campbell), Robert Rauschenberg y Roy Lichtenstein mezclaron diferentes elementos y objetos volcándolos en texturas y colores, nunca antes usados, convirtiéndolos en verdaderas obras de artes.
En 1962 se realizó en la Sydney Janis Gallery de Nueva York la exposición llamada "El nuevo realismo" donde exhibieron Rauschenberg y Jones. Fue aquí donde empezó ha hacerse conocido este nuevo estilo que se introdujo tanto en la pintura como en la escultura.
Los representantes del Pop Art utilizaron diferentes recursos en la realización de sus obras que iban desde el silkscreen, el oleo, algunas técnicas de la publicidad y de la producción masiva además de utilizar collages y fotografías, todas ellas cargadas de ironía e irreverencia frente a la sociedad cada vez más industrializada. A pesar de ello, el Pop Art se preocupaba de encontrar la belleza en cada objeto que tomaba y nos enseñó a mirar con otros ojos objetos tan cotidianos como el baño, la cocina o el supermercado.
Algunas obras representativas del Pop Art
- ¿Qué es lo que hace a los
hogares de hoy día tan distintos, tan simpáticos? (1956) del británico
Richard Hamilton
- Tres Banderas (1958) de Jasper Johns
- 100 tarros de sopa (1962), Andy Warhol
- 25 Marilyn Monroe (1962), Andy Warhol
- Presidente Mao (1973), Andy Warhol
- Nacimiento de Venus (1964), Alain Jacquet
- Whaam! (1963) de Roy Lichtenstein
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El Surrealismo El surrealismo es una tendencia estética que surge durante los períodos ubicados entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo algunos historiadores la sitúan entre los años 1920 y 1930, aunque es sabido que su aparición oficial se concibe con la redacción de "El Manifiesto Surrealista" por André Breton en 1924. Como todo ser humano, los artistas se sintieron frustrados con las pésimas condiciones en que se encontraba Europa a fines de la Segunda Guerra Mundial, por lo que su inspiración no la buscan en la realidad, sino en sus sueños y fantasías. Es importante señalar que la aparición del sicoanálisis, creada por Sigmund Freud, un sicólogo alemán, influenciarán enormemente el desarrollo de esta técnica artística, ya que pone un especial énfasis en el inconsciente del hombre. |